miércoles, septiembre 5

Temblando


Al comienzo sólo de frío, luego de felicidad y ahora de miedo.

Como en las conversaciones nocturnas por deprimir a la soledad solía definir ,en afán hedonista, a la felicidad como un estado definitivamente transitorio, por el que la vida vale la pena afrontarla cada día con una sonrisa desproporcional.

Y abandonaré por un momento el misterio que me dicta palabras para mantener el secreto a salvo, porque la abundancia se comparte y me atrevo a decir que la perfección (siempre relativa) existe.

Puesto que la plenitud puede alimentar incluso a un corazón asustado y a la defensiva.

Pero la felicidad también te muestra la espalda y te abandona en la oscuridad para pagar el precio por haberla conocido.

Como en este momento en el que afronto el miedo frente al desdén imaginado.


Y me encargo de vencer una espera infructífera por el abandono al que me afronto cada día con más espanto.


El mismo espanto que siento de saber que se acerca el día de volverte a ver.