Nunca tuve tanta necesidad de hacer algo, ni siquiera el amor. Nunca sentí que le debía a alguien mi vida, ni me había dado cuenta todo lo que puedo hacer con ella. Hasta ahora.
Esta es mi segunda oportunidad, esta cercanía a la muerte me hizo entender que es por algo grande por lo que estoy aquí, por lo que sigo aquí.
Algo me protegió, algo hizo que mi vida sin cambiar, sea totalmente distinta. Pudo ser el amor, las ganas inmensas de vivir que siempre he tenido, el destino en el que no creo, o Dios, en el que recomienzo a creer.
Me circundó la muerte y sólo tengo unos cortes repartidos tímidamente que me lo recuerdan. Y pudo ser sólo un levísimo extra esfuerzo, y este hubiera sido el último día de mi vida. El último, el que no quiero que llegue jamás.
Entiendo ahora la fragilidad de la vida. Las circunstancias y la gran suerte que tengo, en la cual tampoco creo.
No importa cómo, sino que y quien.
Estoy viva y pude haber estado en este segundo lidiando con la realidad de un muerto, desconocida por todos, (la única razón por la podría abrazar con esbozo sonriente a la muerte) en lugar de estar aquí, evitando semejante dolor a las personas que me aman sinceramente.
Estoy viva, ¿qué más puedo decir sino agradecer.
Tú también lo estás,¿ lo sabes? ¿Estás seguro que sabes que es estar vivo(a)?

