Que te irías y que todo era mentira, se te olvidó recordármelo. No dejaste una nota diciéndome que mi mamá tenía razón, aunque no olvidaste recalcar tu inocencia. Olvidaste llamar la noche en que mi vida pendía de un hilo, olvidaste despedirte de la única que, según tú, recordabas. No olvidaste seducirme, ni tus poses de amante experto.
Se te olvidó que me diste la llave para inmiscuirme en tu vida, y ahora que lo pienso es porque no te intereso en absoluto. Que fácil resultó engañarme.
No se me despega la rabia aún, no por lo que hiciste, sino por lo que permití que me hicieras. Culpo a mi sed, culpo a mi estulticia y a mi lujuria por mi desgracia, pero todas ellas resultan ser yo indiscutiblemente.
Ahora se escurre sinuoso un nuevo sexo que explorar. Hasta que el mundo de las vueltas necesarias y te ponga frente a un espejo y yo no me refleje tras de ti.

