De la negociación diaria y dilapidatoria de tiempo y fuerzas he deseado desde hace mucho escapar. Quizás esperando el autoconocimiento necesario para sustentar mis conclusiones, he dejado al tiempo pasar, sobre todo asustada por los altibajos de opiniones e impactos frontales con la realidad de las puestas en escena. Todo cambia, y vuelve a cambiar hasta ser nuevamente lo mismo.
Así, los momentos se fueron condensando, asentando lentamente algunas líneas de ideas entrelazadas, reforzadas con protagonismos quizás robados, hasta extinguirse o catapultarse.
De ahí, recurro a la relatividad para poder sosegar mi mente y entregarla al reposo de la meditación tranquila y merecida obtenida de un concienzudo análisis objetivo de lo transcurrido hasta el momento, sin mas fin acaso que el por fin, cerrar algunas puertas y viajar ligeramente.
Por ello comienzo con una lista desnuda y risueña, capaz de devolverme el aliento y el buen juicio.
- Buscar objetivamente el equilibrio: El clisé de nombramiento inevitable e indiscutible primer lugar en mi lista de reglas para vivir. La terrenalidad y espiritualidad (cuerpo-alma), el trabajo y el descanso, los sueños y la acción, el dar y recibir, lo veloz y lo lento, lo caliente y lo frío tenderá en mi vida hacia el punto medio. Más aún dentro de esta sub-clasificación encuentre a la primera como la más importante pues incontables veces me he encontrado en los extremos desdeñando tontamente la compensación de la balanza. Y así lo he decidido pues mi cuerpo necesita sentir y la belleza terrenal he de alegrarme al sentir; más sin embargo colmaré mi corazón de agradecimiento y compartiré esa alegría trascendente hacia mis congéneres; reconociendo siempre al oro como un medio cuya medida habré de calibrar con la intensidad de mis deseos inteligentes.
- No dañar a nadie: De ninguna forma, directa o indirecta. Y si acaso mi imperfección me empujara a hacerlo, habré de disculparme inmediatamente y tomar las acciones correctivas que pudieran subsanar al máximo posible mi acción. Esta regla es reflexiva.
- Reciclar: Eliminaré de mi vida toda cosa, persona, hábito o pensamiento que no sea positivo para mi vida.
- Trabajar duro e inteligentemente: Honraré al tiempo que Dios me ha dado y a Él mismo, despertando cada día muy temprano y actuando diligente e inteligentemente.
- Agradecer: Comenzaré y terminaré mi día con agradecimiento y reconoceré explícitamente todos los favores, aún pequeños, que tenga la suerte de recibir. Agradeceré especialmente por quien yo soy, por la vida y por todas las bendiciones que a diario recibo de Dios.
- Compartir con mis seres queridos: Invertiré mayor tiempo junto a la gente que quiero.
- Cuidar, escuchar y respetar mi cuerpo: Siendo este un regalo en el cual habita mi ser y con el cual puedo sentir el mundo, he de cuidarlo con recelo, dándole el mejor trato, descanso y amor. Los alimentos que él reciba, han de ser celosamente seleccionados y le regalaré diariamente movimiento y siempre que pueda, fuerza.
- Aprendizaje y conocimiento cíclico: Crearé un calendario de actividades nuevas, pequeñas o grandes, sean estas cursos nuevos, leer libros o autores diferentes, viajes a lugares desconocidos, visitar restaurantes diferentes u otros.
- Aliada de la disciplina y los hábitos: Aprovechando el simbolismo de los inicios mensuales, renovaré mi promesa para incorporar al menos un hábito beneficioso en mi vida. El primero será meditar durante 10 minutos al despertar y al ir a dormir.
- Convencerme de mi longevidad: Para calmar y ordenar los planes en los que usualmente me sumerjo asustada por una sensación extraña de escasez de tiempo, me he impuesto esta regla. Brindaré de esta forma tranquilidad a mi mente para la priorización despresurizada de aquellas experiencias innumerables que deseo para mi vida.
- Diezmo: Reservo para mí, las condiciones de esta regla.
- Cuestionamiento: Cada cierto tiempo, volveré sobre estas líneas para hacerle los cambios necesarios.
