De pronto me encontré viviendo nuevamente muchas historias. Y me temblaron las manos, y me puse contenta. Los lugares, palabras y emociones. Las bromas juntos y las conversaciones inconclusas. Los juegos y sueños, todo subjetivo ahora, viviendo de mis esfuerzos retrospectivos, olvidados en tu pasado vergonzoso.
Esta soy yo, esperando lo q no llega, atenta a las señales de vidas alternas, de las q resulto huyendo con la cabeza baja y con una colección mayor de culpas.
Esta soy yo, tal como la q conociste y no llegaste a querer. Siempre midiendo el tiempo, siempre esperando un momento.
Siempre contenta con las sobras de tus días. Saltando, corriendo y luchando de la mano, acompañaba tu soledad momentánea, única culpable de mis alegrías robadas a tiempos provechosos para el común. Esa era yo, siempre sonriente y esperandote cerca y prevenida, preparada para todo. Lista para un SI.
La felicidad me susurró al oído q se iba, y la vi partiendo de tu mano. Me abrazaste, me besaste, y rompiste una promesa. Inmensamente triste e impotente, mis ojos no pudieron siquiera llorar. Sólo me informaban del espacio creciente entre nosotros. Y en mis manos una carta improvisada olvidada, me dijo en unas palabras escuetas lo q hasta ahora no logro entender.
Q te ibas, lo sabía, q no regresarías, también.
Cuando desperté, todo había terminado.
Esta soy yo, esperando lo q no llega, atenta a las señales de vidas alternas, de las q resulto huyendo con la cabeza baja y con una colección mayor de culpas.
Esta soy yo, tal como la q conociste y no llegaste a querer. Siempre midiendo el tiempo, siempre esperando un momento.
Siempre contenta con las sobras de tus días. Saltando, corriendo y luchando de la mano, acompañaba tu soledad momentánea, única culpable de mis alegrías robadas a tiempos provechosos para el común. Esa era yo, siempre sonriente y esperandote cerca y prevenida, preparada para todo. Lista para un SI.
La felicidad me susurró al oído q se iba, y la vi partiendo de tu mano. Me abrazaste, me besaste, y rompiste una promesa. Inmensamente triste e impotente, mis ojos no pudieron siquiera llorar. Sólo me informaban del espacio creciente entre nosotros. Y en mis manos una carta improvisada olvidada, me dijo en unas palabras escuetas lo q hasta ahora no logro entender.
Q te ibas, lo sabía, q no regresarías, también.
Cuando desperté, todo había terminado.

