lunes, enero 21

Dos meses


Después de la lucha contra mí misma de anoche, fueron los dos meses, la tregua.

Dos meses de distancia, de muerte necesaria.

Son 60 días, luego de los cuales, volveré feliz.

domingo, enero 20

Explicación


Es gracioso. Siempre que escribía, tenía un sentimiento que necesitaba reprimir, o una emoción que me era menester abandonar en un papel. Era como simbolizar el dolor en forma de letras sin sentido. Ahora, es irónicamente opuesto.

Escribo para sentir. Para vivir historias que no son mías.


¿Y que es lo que escribo sino cuentos ajenos, sueños o quimeras? Venganzas que nunca materializo, amores que no conozco y experiencias que no recuerdo. Enajenaciones, placeres que no he sentido. ¿Es que ha cambiado tanto mi corazón? Ya no le doy vida a unas letras inertes, sino que son ellas las que me inmiscuyen en ficciones borgianas.

Eso sí, siempre salpico algo de verdad en las historias. Porque siempre he querido que me escuchen con ansiedad morbosa, para sentir ese contacto humano implícito, imagino.

No sé.

Este es un medio de descubrirme, honestamente.

Es una manera de satisfacer mi necesidad de importancia, de adoración del hombre que me ama, y me engaño imaginando que alguien vive mis fantasías, a quien realmente le importe la vida de mis personajes fantasiosos, fingiendo ser yo. No me pregunto si es verdad, sólo lo acepto ciegamente.

En fin. Sólo quería decirlo. Probablemente, sólo a mi misma.

Hace unas horas


Anoche fue terrible. Me encontré inerme, sin mis peculiares artimañas de autoengaño para vencer el miedo. Mi cama fue agobiante y mi habitación demasiado pequeña para mis emociones. Y contuve mis ganas de gritar.

Estaba completamente sola en mi desesperación.

Irónicamente, estoy rodeada de amor, de recuerdos preciosos y amigos estoicos ante mi indiferencia peculiar (de hecho, siempre me sorprende tener personas que me quieran)

La luna estorbaba mi noche, no fue bienvenida ni venerada como siempre que me sorprende sola por la calle, repleta de miedo y un rostro sin gestos.

Necesito, definitivamente, regresar el tiempo para hacer las cosas exactamente de la misma manera.

sábado, enero 19

SED


Y admito que me sonrojo al aceptarlo. Pero es consumante, agobiante.

Cuando me rindo ante ella, desespero en búsqueda de remedos baratos de licor callejero, y me excito aún más, cuando es robado.

La jaqueca y las puertas cerradas me recuerdan al día siguiente, lo bajo que puedo caer.

Mis plegarias falsas en pos de conciliar el sueño alivian ligeramente mi culpa, antes de mi nueva oportunidad de revolcarme en un fango de autocompasión y sentimiento de culpa irresoluta.

Ya nada importa en el momento, sólo sentir, morir puede ser una opción después.

Que sencillo resulta echarle la culpa a esta sed que siento. Que sencillo suplicar compasión con muecas de arrepentimiento.

Y que caro el precio que pagué, por pensar una vez, que esa no era yo.

domingo, enero 13

División


Me desesperé al ver la enorme lista de personas que no recibieron de mí lo que se merecieron.

Las maldiciones que no le grité a quien se lo merecía, el perdón que no le pedí a quienes derramaron lágrimas por mi culpa, el amor que siento y reprimo fervientemente, e incluso la indiferencia que traté de disimular con atenciones.

La enorme lista de derrotas en las que había estado rodeada, y los pendientes que colgaban de mi pared y entristecían mi semblante al verlos.

Necesitaba conocer el verdadero fondo, fangoso y apestoso, devorador de pasiones, tocar la miseria con mis manos, sentir el verdadero dolor en mi corazón, y llorar lágrimas de satisfacción.

Y sobre todo, entender que ese era el punto final.

Mi cuerpo ha cambiado, mi mente y mi corazón se mezclaron. Parece ser el mundo pintado con colores vivos, parece las risas matizadas con expresiones rebozantes y sinceras, las lágrimas parecen cargadas de dolor, como si liberaran el cuerpo de una carga. Todo se siente dentro, todo.

Si hasta lo cotidiano me resulta imposible de entender.

Es interesante esto de la segunda oportunidad.

Para sentir, vivir, hacer, y ser.

Para dejarte olvidado en la primera parte de mi vida, a ti, a tus traviesas manos, a tu deliciosa piel, a tus preciosos ojos y a tus descarados labios, hombre hermoso, mi extraño favorito de tiempos lejanos.

sábado, enero 12

Un segundo


Nunca tuve tanta necesidad de hacer algo, ni siquiera el amor. Nunca sentí que le debía a alguien mi vida, ni me había dado cuenta todo lo que puedo hacer con ella. Hasta ahora.

Esta es mi segunda oportunidad, esta cercanía a la muerte me hizo entender que es por algo grande por lo que estoy aquí, por lo que sigo aquí.

Algo me protegió, algo hizo que mi vida sin cambiar, sea totalmente distinta. Pudo ser el amor, las ganas inmensas de vivir que siempre he tenido, el destino en el que no creo, o Dios, en el que recomienzo a creer.

Me circundó la muerte y sólo tengo unos cortes repartidos tímidamente que me lo recuerdan. Y pudo ser sólo un levísimo extra esfuerzo, y este hubiera sido el último día de mi vida. El último, el que no quiero que llegue jamás.
Entiendo ahora la fragilidad de la vida. Las circunstancias y la gran suerte que tengo, en la cual tampoco creo.
No importa cómo, sino que y quien.

Estoy viva y pude haber estado en este segundo lidiando con la realidad de un muerto, desconocida por todos, (la única razón por la podría abrazar con esbozo sonriente a la muerte) en lugar de estar aquí, evitando semejante dolor a las personas que me aman sinceramente.


Estoy viva, ¿qué más puedo decir sino agradecer.
Tú también lo estás,¿ lo sabes? ¿Estás seguro que sabes que es estar vivo(a)?

jueves, enero 10

Danza


Nuestro primer baile fue el más triste, y el más libre. El ritmo perdió gracia por nuestros prejuicios y mis miedos infundados, y tus palabras deliciosas acariciaban mi ego, a lo largo de mi espalda.
Sentimos en cada paso el compromiso de estar ahí a voluntad, a solas, en medio de la cómplice oscuridad.
De pronto en una playa, por un momento en París, siempre con mi piel absorviendo tu sudor repartido por el mundo.
Y reimos para liberar emociones y nos abrazamos para convencernos de que esa mentira, era realidad, mientras te entretenías separando mi corazón de mi cuerpo.
Por tu calor, olvidé sentir. Olvidé pedir, abrazarte y desnudar mi anhelante alma.
Olvidé atarte irremediablemente a mi.
Y lloré.
Recogí mis sobras esparcidas, les di una forma deprimente y me marché.
Aniversarios hace ya, desde que te descubrí escondido en un mundo cotidiano. Aniversarios hace que te perdí.
Y yo? Qué puedo decirte? he bailado demasiado, he sentido también. Mis experiencias se pintaron de colores y les di diversas formas. Pero cuando cierro los ojos, siempre eres tú.

martes, enero 1

Tätowierung

Fueron sus manos aún calientes las que me causaron escalofríos al rozar mi espalda mientras la despojaba de la blusa.

Luego, recogió mi cabello, suavemente, y lo colocó al lado derecho de mi rostro.
Enseguida, me encantó al susurrar a mi oído y me dió un beso en el hombro. Todo fue perfecto hasta ese momento.
Pero comenzó a arder profundamente, creando la marca que sería difícil, si posible, borrar.
Lentamente, con su experiencia característica, dibujó de negro en mi pecosa espalda, un corazón vacío en la mano de un centauro, atravezado por su flecha. Cada milímetro fue aterrador. Me costó adaptarme al dolor y entender porque cedí finalmente a tal tortura.
Era ego, creo. O demostrarle que me importaba. O de repente, sólo experimentar.
Tantas razones.
O ninguna.
Al terminar, volvió a susurrarme al oido y a darme un beso en el hombro. Luego, se marchó, como siempre supe que lo haría.
Era extraño todo eso.
El tatuaje era hermoso aunque dolía al verlo, aún después de un tiempo.
Era un dolor casi imperceptible, pero existía y me recordaba el susurro y el beso.
No miraba el centauro, sino su rostro sonriente, mortalmente lujurioso.
Cuatro meses transcurrieron.
Y volví sola.
Desnudaron nuevamente mi espalda, recogieron nuevamente mi cabello. Sin susurros ni besos esta vez.
El ardor, a mi pesar, estuvo ahí nuevamente, al comenzar a desaparecer mi centauro hermoso.
Cada milímetro reclamó a gritos una lágrima, en cada quemadura y holor a ceniza, mis cenizas.
Un mes pasó y me encuentro frente a la computadora ahora. Rezagos del tatuaje, los tengo, y sinceramente, me alegra.
Y he descubierto que sigo viendo su sonrisa lujuriosa, pero por suerte sin ese dolor recordándomelo, sólo es cuando, de casualidad, miro hacia mi espalda.