miércoles, marzo 26

Relatividad o inexistencia?


Estoy segura de haber vivido eso que no existe y me obliga a este monólogo. Me consuela el no tener miedo, eso sí.

Pueden existir las excusas más pueriles para la razón de este momento en el que me detengo de todo para escribir a una historia terminada, como siempre.

Que irrisorio, que tonto y vanal. Ni siquiera valió la pena, más allá de los escalofríos que sentí antes y no durante, como suele suceder, pasiones muertas por mi obstinada costumbre de racionalizar todo, hasta el roce de unas manos.

Que irónico, el encargado de descifrar los dialectos corpóreos del placer se convierte en mi enemigo al disfrazarlo de hechos físicos completamente descifrables y abobinables incluso.

Tampoco lo desmerezco en su imaginación hedonista e idealización de hechos arbitrarios a las vicisitudes de mi existencia.

En fin, es relativo, y no me asusta, lo admito sonriendo.

No me sorprende en absoluto, es algo a lo que una se acostumbra.

lunes, marzo 17

La nocha más linda del mundo

Terminó con mi miedo y con tu asombro, cuando concertamos nuestra primera cita. A las 10, lo recuerdo, y traté de demorar en mi alcoba para sentir que no era importante.

Cubrí mi cuerpo de acuerdo con lo que el frío otoñal reclamaba, y salí a tu encuentro, feliz.

Al llegar me enterneció lo que vi. Un hombre esperando por mi, teniendo mi imagen en su mente como su objetivo a corto plazo, un hombre completo, un hombre delicioso. Ese pensamiento me embriagó y corrí a tu encuentro, y tú sostenías una sonrisa perfecta.

Nos embriagamos y besamos intensamente, para recuperar el tiempo perdido. Era tuya e hice honor a mi entrega. Mi cuerpo se volvió parte del tuyo con tus manos. Todo era perfecto.

Luego, en nuestro dialecto inerme asentimos simultáneamente en un deseo, conspirando contra las lecciones abnegadas de mi madre.

Y fue la noche más linda del mundo, jugando a ser mujer.

Lo que pasó físicamente es fácil imaginarlo. Lo demás, perfecto y apenas y puedo recordarlo.

Mi noche más linda del mundo, fue un varonil triunfo más para ti.

Y por qué le canto a esa burla? Por la inmensa felicidad que estremeció mi sueño. Por la mujer que despertó esa mañana. Por la sonrisa inmaculada, por tus besos en mi hombro, por los planes fantasmales. Por la ilusión.
Fue perfecto aunque efímero.
Repito, fue.


Claro que lo entiendo aunque mi cerebro lo filtre.

Y hasta me alegra y enternece, como si fuese el precio de algo grande desconocido y, para ser honesta, incierto.

Pero al fin y al cabo, es un NO.

Es sólo una negación más. En realidad no he perdido puesto que nunca tuve.

Ahora dormiré tranquila, aunque sola.
Sola? en realidad, NO, nuevamente. Es graciosamente estúpido. Irrisorio como pensar que era cierto siendo efímero, que era tangible una sonrisa, que era evidente una pasión inexistente.

El NO que me regalo, por voluntad, por sensatez.

Al fin y al cabo, es cuestión de un cambio de dirección en la cabeza (incluida la mente).

NO, gracias.

sábado, marzo 15

Camino


Bailes normales, esperados, parametrizados. La querella hecha cliché, la anarquía irresoluta de desesperante impotencia que me adhiere sibilinamente a esta melodía. De amor prosaico, inexistente e intolerable.

Del que empalaga al acercar la lengua sedienta, ya da lo mismo.

Es sentir, sí, esa es la palabra. Sentir, lo que sea, lo que irrefutablemente declara mi vida.

En un pacto silencioso, tácito, en realidad.

Aceptar, resignar, rebelar, ceder, fingir, sugestionar, morir. Esos son los verbos que enmarcan todo, sobre los que bailamos y hacemos el amor. Con los que río fuerte, como para creerlo.

Era todo, sólo espero que tres sea suficiente.

Hoy recordé, es todo. Hoy estuve contigo de nuevo, y me rei contigo. Luego escuché esa canción de ducha alemana, brasilera y peruana.

Una combinación políglota de manos, de besos y música.


jueves, marzo 13

Miguel Angel


Es el fondo, en realidad. No es el miedo, gracias.

Un deseo de necesidad y no la necesidad de deseos, puesto que abundo en ellos. La mayoría rebosando lujuria innecesaria e inmerecida.

Lujuria tácita de piel morena, frente cortada de experiencia y manos rudas saludando con desdén la decencia.

Y te paseas tan ajeno e indiferente, ocupando ese lugar en mi mente, promiscuo por demás. No eres, representas, lo sé. Sin embargo, te cantaré, te arrullaré y hasta te querré, el tiempo necesario.

Lo suficiente para lidiar con el morbo y la alucinación, de la correspondencia aceptada y ese calor en el cuerpo, los escalofríos que me encantan.


Sí, eres tú, ahora.

Hasta que el corazón aguante la monotonía.