sábado, agosto 11

Despedida


Adiós te digo y que bien me siento.
Libre de mí, de ti y de mi conciencia, aunque las ansias reclamarán atención y en definitiva, la soledad se burlará de mí grotescamente, mientras yo, sin argumentos he de agachar la cabeza.

Pero al fin, libre de mi conciencia y mis fantasmas.

Con las manos limpias y recuerdos manchados dentro de un sueño muy real, me descubría jugando con tus palabras y tus reacciones, como un niño en su alucinación egocéntrica, despertabas mi instrospección profunda, arrullada por el alcohol e inexperiencia, vacilando en el límite de la realidad y fantasía... entre lo que quería y lo que debía hacer.

Ahora, libre nuevamente, detrás de mí sonríe la decencia, piadosa conmigo de manera inmerecida abre sus brazos para recibirme con un beso maternal.

Esta soy yo, nuevamente, diciendo por zetaésima vez ADIÓS a lo que nunca debió ser.