Estoy parada sobre la línea divisoria del hacer y no hacer? Que por supuesto puede ser reversible por completo y dejarme parada exactamente en el mismo punto. Por eso no importa ni el este ni el oeste, sólo la elección conciente.
Y puesto que no me caracterizo por una fuerza inquebrantable, le he dejado en manos de la sandez e inmadurez, que resultan más efectivas que mi cerebro diciendo no sobre mi cuello caliente.
Esta es la parte difícil, siempre pasa, y he aprendido a punta de golpes, que siempre deja de doler.

