Carente de ideas y sin el menor atisbo de inspiración, respondo instintivamente al deseo de dejarlo escrito como para no olvidarlo. De la misma manera en la que alegué a suerte de cobardía, que lo importante era la experiencia, así, me inclino ante este deseo ilógico de escribir.
Escribir a pleno antojo como otrora lo hiciese, sin pensarlo ciertamente y a la sola obediencia de mis manos inquietas. Y me pregunto donde está la inspiración! ¿Acaso escondida por el miedo? Ese miedo delicioso que se disfraza de alegría, alegría que se delata descaradamente ante un hacinado humano insignificante.
Y con el búho ululando cómplice del disimulo de mis jadeos ruborizados, un trébol irlandés y un grito encerrado de Van Gogh, esta noche he de soñar. Contenta.
domingo, marzo 22
MonaLiza
Lo escribió Chio a las 18:17
