Después de abandonar mi última carta en la mesa de juego, esta vez, mi palabra es inquebrantable. Ya he cerrado todas las puertas, eliminado cualquier evidencia y ridiculizado el poder de la venganza. Nada he de hacer, ni para alejarte ni para acercarte, sólo dedicarme esta promesa de fidelidad a mi amor propio y al límite inferior que yo he misma he demarcado. Medida preventiva para no caer más bajo de lo que la vida me ha enseñado soy capaz de llegar.
En realidad, es un balance entre el orgullo y el instinto de supervivencia.
Y se mantiene en silencio mi habitación ajena, se mantiene la soledad cerca mio, pero estoy preparada para lo que viene. Para la locura temporal, para las lágrimas a solas, para los deseos irreprimibles de tenerte cerca y filosofar sin estilo, de escucharte y tus chistes idiotas.
En fin, es el fin y esto no me está ayudando.

