domingo, febrero 15

Mis manos


Hacía tiempo que no disfrutaba de esto, hacía tiempo que no sentía estas ganas de escribir, sólo por hacerlo, sin historia que contar, sin sueño que compartir o pena que borrar. Simplemente este deseo delicioso de dejar a mi mano hacer lo suyo, mientras mis ojos contemplan las palabras que aparecen a su antojo. Es delicioso, insisto. Como ese movimiento de caderas que incitó mi carnalidad y me alejó de la nostalgia. Un cuerpo nuevo bajo sonidos cotidianos, despertaron en medio del desastre, mi líbido avergonzado.

Y es hoy cuando lo recuerdo!! dos días después! en realidad, fueron mis manos las que hurgan en mi cerebro, para agradecer en silencio muy sincero, la coincidencia inesperada en un ambiente hostilmente amical.

Es domingo, que otra cosa podría hacer para sentirme mejor?? tan sólo escribir, o practicar la guitarra, o tocar su cintura mientras baila. Y siempre son mis manos mis compinches, son las que miran el calor, acarician mis oidos y deleitan a mis ojos. Son mis manos calientes sobre su cuerpo sudoroso, las que despiertan mis ficciones y dejan mi guitarra de lado, celosa.

Y ese sudor que otrora me diera asco, en ese cuerpo fue un oxímoron en mi historia.

Un oxímoron absolutamente oportuno.