Estoy rodeada de demasiados "debería", por de más hipotéticos, limitantes y hasta conformistas. Eso claro, sin mencionar lo frustrantes que sin duda resultan.
Pues los "deberían" para el que los aguante. Esta vez, las reglas las dicto yo.
Y él, mañana estará esperando un beso imposibilitado por la ética, que habremos de ignorar.
Porque 20 años de palabras sensatas (descontando la infancia) se disuelven al tenerlo frente mío.
Y luego de eso, todos apuntarán hacia mi, con recriminaciones y escupitajos. Mi estoica voluntad, desaparecerá nuevamente el espacio entre nosotros, para burlarnos de su rabia por problemas que no son suyos.
Y estaremos juntos, arrullados por la venda sobre mi moral, y el sosegamiento de mi conciencia.
Hasta que el deseo se nos agote y tengamos irremediablemente que volver a vestirnos de elegantes reverencias y sometimiento indiscutible a las reglas que impusieron quienes necesitaban mantenermos al margen.
Mañana es el día.
Estoy dispuesta a correr el riesgo aunque no te acerques ni siquiera a ser el príncipe de mis sueños.
Creo que comienzo a utilizar la misma excusa masculina para justificar las satisfacciones fisiológicas a las que nos empujamos a experimentar.
Mañana es el día.

