En el comienzo del camino de esta segunda parte de mi vida, te encontré queriendo escapar de ella. A empujones y lágrimas ingentes, entendiste que el tiempo es independiente de lo que sientas. Luego de eso, fueron risas, abrazos, y como siempre, peleas fortalecedoras. Unas cuantas travesuras, por así llamar a nuestro pueril afán de conocer la vida (ya pasada, medio olvidada) en las noches deprimentes con el mundo afuera rugiendo desde el fondo.
Y pasaron días y años. Años hace ya, en los que no me imaginé haciendo esto en este momento, pero sí sabía lo que estaría sintiendo. Tú, mi mejor amiga, siempre a mi lado.
Meses nada más han pasado, sin ver nuevamente tu rostro inocentemente natural, ajeno a ciertos dolores injustificados que nos inventamos para justificar nuestra existencia, o merecer algún milagro (que muchos se cansan de esperar y los fabrican).
En la parte final de esa segunda parte de mi vida, lloraste nuevamente suplicando por una nueva oportunidad para descubrir a mi fuerte y por siempre mejor amiga.
Ahora en esta tercera parte (de n segmentos) eres protagonista de los hechos triunfales que parece no te quieres regalar aún.
Vales eso, vales demasiado más. Te espero con el corazón contento, porque sé quien eres, y me gusta recordártelo.
Donde estés, con quien estés, te mereces lo mejor, sólo es cuestión de abrir los ojos.
Te quiero mucho RUTH.

