Saltando llorosamente me encontraste en la disputa entre reir o dormir para no sentir. Eufóricamente me senté a pensar en la amistad foránea disfrazada de indiferencia en mi habitación repleta de recuerdos colgando de las paredes. Desprendidos de mis sueños, uno a uno y en batahola nocturna, fui encerrando en una caja, en orden y silencio sepulcral, las vivencias que me tenían amarrada a tu espalda, esa que nunca miras.
Entonces la caja en forma de corazón, como me lo dijo mi primer amor concretado, se selló con mi decepción y amor propio, para ser abandonada finalmente bajo el hacinado de recuerdos de etapas que ya no duelen.
Ahora, me encomiendo a la sugestión y a lo que me queda de cordura, a la amistad sincera y a los retos de la vida caprichosa y vanidosa.
También me regalo un descanso y la opción de ser perfecta sin el meollo de una casualidad enojada conmigo.
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Y la caja, no se volvió a abrir.
Entonces la caja en forma de corazón, como me lo dijo mi primer amor concretado, se selló con mi decepción y amor propio, para ser abandonada finalmente bajo el hacinado de recuerdos de etapas que ya no duelen.
Ahora, me encomiendo a la sugestión y a lo que me queda de cordura, a la amistad sincera y a los retos de la vida caprichosa y vanidosa.
También me regalo un descanso y la opción de ser perfecta sin el meollo de una casualidad enojada conmigo.
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Y la caja, no se volvió a abrir.

