Bailes normales, esperados, parametrizados. La querella hecha cliché, la anarquía irresoluta de desesperante impotencia que me adhiere sibilinamente a esta melodía. De amor prosaico, inexistente e intolerable.
Del que empalaga al acercar la lengua sedienta, ya da lo mismo.
Es sentir, sí, esa es la palabra. Sentir, lo que sea, lo que irrefutablemente declara mi vida.
En un pacto silencioso, tácito, en realidad.
Aceptar, resignar, rebelar, ceder, fingir, sugestionar, morir. Esos son los verbos que enmarcan todo, sobre los que bailamos y hacemos el amor. Con los que río fuerte, como para creerlo.
Era todo, sólo espero que tres sea suficiente.
Hoy recordé, es todo. Hoy estuve contigo de nuevo, y me rei contigo. Luego escuché esa canción de ducha alemana, brasilera y peruana.
Una combinación políglota de manos, de besos y música.

