Es el fondo, en realidad. No es el miedo, gracias.
Un deseo de necesidad y no la necesidad de deseos, puesto que abundo en ellos. La mayoría rebosando lujuria innecesaria e inmerecida.
Lujuria tácita de piel morena, frente cortada de experiencia y manos rudas saludando con desdén la decencia.
Y te paseas tan ajeno e indiferente, ocupando ese lugar en mi mente, promiscuo por demás. No eres, representas, lo sé. Sin embargo, te cantaré, te arrullaré y hasta te querré, el tiempo necesario.
Lo suficiente para lidiar con el morbo y la alucinación, de la correspondencia aceptada y ese calor en el cuerpo, los escalofríos que me encantan.
Sí, eres tú, ahora.
Hasta que el corazón aguante la monotonía.

