martes, diciembre 16

Hombre perfecto


Aquel de afán hedonista y masoquista sobre mi sopor dominical, aquel que baila exclusivamente ante mis ojos atónitos rebozantes de pasión, eres tú.
Con vistazos tímidos e involuntarios te enredaste inescrutable con mi historia y con un beso robado y miles regalados, tu lujuria empapó mis sueños pueriles.

Y una guitarra acariciada por Borges arrullan mi dolor, mi satisfacción de no ser yo, no más la mala yo.
Y si tan sólo te faltara alguno de tus abundantes defectos, serías aquel que no escogí. Aquel cuya combinación bien proporcionada libera mis hormonas claudicadas, resentidas. Y ya no despertaría cerca a ti con esa emoción intensa de siempre, porque la felicidad ha dejado de ser instantánea. Si tan sólo te sobrara una virtud, entonces no sentiría más tu ausencia.
Es eso, lo que siento por lo que eres. Exactamente tú. Esos defectos deliciosos y esas virtudes adicitivas me han convertido en una inexorable redentora, tan mansa leona dominada.
Hoy despierto cerca a ti, tan corpórea y celestial como siempre al sentir ese beso en mi frente y cierro los ojos para vivir nuestro cuento, al son de un orgasmo musical.