miércoles, septiembre 19

From Hell


Con el consuelo de saber que Dios existe, descendí al infierno. Luego de haber contemplado las maravillas celestiales se me arrojó sin aviso y en sólo una noche. Y desperté en un ambiente gélido en contraste con lo que cree el vulgo.

Sola, eso sí. Sin nadie que me torture, sino yo, que es lo peor, puesto que no podía escapar.

Irónicamente, sonreí, puesto que hacía tiempo que necesitaba estar sola y liberar una batalla unilateral, necesitaba con urgencia expiar algunas culpas. Tocar el verdadero fondo para que motive un escape violento. Un despertar ansioso, al menos, diferente.

Quedé atrapada en el limbo y decidí dar un paso atrás. El limbo y su monotonía no sirven. El infierno, sino te vence, te inventa en un futuro diferente en el que la vida tiene sentido. Enseña aunque aprender es duro. Y esa es una alegría extraña, sentirse vivo, despertado por el sufrimiento, que te alegra saber es finito.
Y es hora de levantarse a afrontar la intensa vida de las dos docenas liberadas, expertas, promiscuas, valiosas y vanidosas, ambiciosas por demás. Mis dos docenas perfectas, en las que repetiría cada segundo, donde conocí la felicidad, el amor y el infierno.

Desde donde agradezco la oportunidad.

Saber que Dios existe, esa es la recompensa.