Nunca me inspiró mayor deseo que el de imaginarla en los ojos de quienes quiero, el que sea mi compañera de viaje y el enlace celestial con mi corazón. Pero jamás deseé escribirle, y a decir verdad, ahora tampoco. Sólo quería recordar junto a ella, delante de todos, el amor que tenemos en común, el amigo que nos quiere por igual, siempre lejos, aunque constante. Siempre brillante, alegre y escurridiza. Inalcanzable, mayormente perfecta.
Tan brillante, influyente y penetrante, tan estimulante y solitaria. Como yo. Escondiendo siempre un secreto al vulgo, revelando misterios mezquinamente. Inspirando canciones y poemas, protagonista y testigo inmerecido e involuntario de historias remotas, felices, fagaces y eternas. O falsas, como la mía.
En fin, nunca quize escribirte y hoy tampoco.
Sólo pedirte hagas lo que siempre supiste hacer bien.
Traslapar emociones y coincidir miradas, trenzando pensamientos.
Quimérica y efímera visión.

