domingo, noviembre 11

Renovación


Hacia adentro inescrupulosamente, tal experta inmerecida y extasiada de la monotonía, emprendes una carrera ininterrumpida. Embriagada en el sopor delocioso del silencio.

Alumbrada al cerrar los ojos por la fe, y los pasos por un antorcha metafórica, en pos de un perfil medieval, cuelgan las emociones y vuelan aleatoriamente los sentimientos. Se te acercan como si se te concediese la potestad de desprenderlos de su enajenación, aunque parecieran ajenos a su destino. Como nosotros.

El camino apenas existe, y en cada paso titubeante, se recompensa tu esperanza. Y te conecta sin remedio a tu innegable condición mortal.
Los tic tac monótonos del tiempo, rompen sincronizadamente el silencio, sólo cuando les prestas atención.

Y sigues avanzando.

Pronuncias eufóricamente palabras que bailan al ritmo de tu pasión. De tu sinceridad y perfección, del deseo vehemente de vivir, como el mundo se vanagloria hipócritamente, de hacer a diario con facilidad.

El vulgo y sus sugestiones patéticas no logran encerrarte en aquella trampa mortal, efectiva para sus reducidos y conformistas mentes atribuladas por la simplicidad de la vida terrenal.

Sólo resuena el sonido de tus pasos, el eco del tic tac ya olvidado, forma ya parte del silencio.

La suerte es el nombre de la consecuencia del que cree en lo que hace.

Y el éxito te espera a la mitad del camino, durante el cual, te mantiene embriagada con gotas excedentes de su frondosidad.