No puedo dejar de cantar... es perfecto... la vida, como la veo, como la siento, siendo la misma, es otra. Es otra mi percepción, porque talvez Pavlov tenía razón... porque en realidad, Dyer me condujo de la mano a la sonrisa.
Y sé ahora, más que nunca, que todo depende, todo.
Estoy muy contenta, no sé porque realmente. No puedo evitar las ganas de gritar y bailar.
En realidad, sólo quería compartir esta abundancia. Tal como deberían hacer los ricos.

