Una mochila, un cojín, y menos esperanza. El conteo termina con mi paciencia y fortaleza, para decirme q es el momento de guardar un plato y una sábana abandonados sin el menos aviso.
Extrañaré tu maullido y las palabras q te inventé para amortiguar el silencio. Te murmuraré una canción para bailar como siempre lo hicimos, tú sin el menos ritmo, todos riendo. Escondido de la multitud, siempre fuiste huraño y algo indiferente, creo q por eso te quisimos. Por demás convenido, sabías cuando contactar mi humanidad para cumplir tus caprichos.
Esta soy yo, llorando tu muerte o tu partida, no lo sé, q es lo peor. El sofá vacío me recuerda sentado siempre, durmiendo, esperando una caricia y la hora de cumplir obligaciones evolutivas.
Te extraño ya, no te espero más, ambos sabemos q no volverás.
No te lloraré, aunq quiero q sepas q te quise y q te quiero.
Te extraño, te digo adiós y me resigno.
