domingo, octubre 21

Espejo


Una hora tras otra, en contra de muchas voluntades, dándome en cada segundo la oportunidad que rechazo contundentemente, ya de manera inercial, vuelan con el mismo destino, las manecillas de mi reloj impertinente. Frente a mí, el sirviente esclavizador de por vida, mi entretenimiento y puerta al mundo, o como quiera siempre llamársele, panacea indiscutible para mis noches y fines de semana enclaustrados en mi mente inquieta, insatisfecha. Entonces, me invento disfraces maquillados en la sinceridad de la soledad, frente al espejo de siempre, en la misma pared, que ha vivido a mi lado las noches de llanto, de alegría y de monotonía. De esfuerzos fantasmales y de nerviosismos relajados con su ayuda. De los previos a los momentos más felices de mi vida, y del crecimiento normal de una mujer.

Disfrazada hasta el último poro, me preparo para el día en el que tenga que afrontarme a una irremediable imagen senil, inmutable y despreciable. Cuando quisiera estar de nuevo en este instante, donde daré sin duda lo que sea para encontrarme viviendo este segundo, sin haber cometido los errores que han de venir, con la oportunidad que desconozco de evitarlos...


La experiencia, como dice Marquez, llega cuando ya nada puede hacerse.