jueves, octubre 11

Y dale la burra al trigo


He llegado al punto en el que el sufrimiento no es suficiente. En el que forma parte de mi vida, y ya no duele. Los recuerdos amarrados en el subconciente, despiertan abruptamente mi conciente para hacerme pensar en la falsedad de cada momento vivido, en lo simultáneo de las millones de historias para el mismo momento, para el mismo estímulo y dedicación, para todo, miles de percepciones personalizadas a lo largo del tiempo, mientras duelen, confunden, averguenzan, contradicen, sonríen y lloran en las casas alumbradas por diferentes tonalidades de verdad. Dependiendo siempre de lo que quieren ver.


Y recuerdo cada palabra y segundo, de los 518400 que vivimos juntos. Cada momento en una canción protagónica y egoísta, desprende en sus melodías algunos de mis momentos felices y tristes, tú durmiendo impasible, ajeno al sufrimiento de la imaginación mordaz. Satisfecho con la merma de deseos forasteros, sobre una cama, yace un cuerpo muerto, desterrado del cielo.


Empapando de llanto mis pecados, sobre mi cabeza, las palabras de mi madre y retrocedidas ferozmente por la locura.


Por el momento nuevamente, en el que le canto a nada para sentirme algo mejor. Sólo para que no sean las lágrimas las que hablen por mi.


Para dejarte ir, nuevamente, y no morir en el intento.