Me desesperé al ver la enorme lista de personas que no recibieron de mí lo que se merecieron.
Las maldiciones que no le grité a quien se lo merecía, el perdón que no le pedí a quienes derramaron lágrimas por mi culpa, el amor que siento y reprimo fervientemente, e incluso la indiferencia que traté de disimular con atenciones.
La enorme lista de derrotas en las que había estado rodeada, y los pendientes que colgaban de mi pared y entristecían mi semblante al verlos.
Necesitaba conocer el verdadero fondo, fangoso y apestoso, devorador de pasiones, tocar la miseria con mis manos, sentir el verdadero dolor en mi corazón, y llorar lágrimas de satisfacción.
Y sobre todo, entender que ese era el punto final.
Mi cuerpo ha cambiado, mi mente y mi corazón se mezclaron. Parece ser el mundo pintado con colores vivos, parece las risas matizadas con expresiones rebozantes y sinceras, las lágrimas parecen cargadas de dolor, como si liberaran el cuerpo de una carga. Todo se siente dentro, todo.
Si hasta lo cotidiano me resulta imposible de entender.
Es interesante esto de la segunda oportunidad.
Para sentir, vivir, hacer, y ser.
Para dejarte olvidado en la primera parte de mi vida, a ti, a tus traviesas manos, a tu deliciosa piel, a tus preciosos ojos y a tus descarados labios, hombre hermoso, mi extraño favorito de tiempos lejanos.

